Padres y Colegios - Diciembre 2017

Alba (14 años) tiene móvil, pero casi no lo utiliza: “Es como si no lo tuviera porque solo lo uso dos días a la semana”. Esta adolescente de 2º de secundaria vive en una aldea remota de la montaña leonesa, a 1.200 metros
de altitud, “y la cobertura no llega”, dice. Se desplaza en autobús al instituto, a 30 kilómetros de su casa, y es entonces, cuando al perder altitud, puede utilizar el móvil. “Pero mis padres solo dejan que lo baje dos días a la semana porque dicen que me entretiene mucho. Me lo dejan esos días para que no me sienta marginada porque todos mis compañeros lo llevan”. Los inconvenientes que relata son varios: “No estoy conectada con mis amigas, ni al tanto de las conversaciones que mantienen por WhatsApp; si tengo dudas de clase o me faltan apuntes debo utilizar el teléfono fijo o a través del correo, en el ordenador; y lo peor es que no puedo utilizarlo en los descansos de clase, ni escuchar música, ni navegar en Internet, ni seguir las redes sociales, como hacen mis compañeros”. La ventaja que encuentra, según dice, es que cuando hay conflictos en Instagram por la publicación de fotos o “broncas” en los grupos de WhatsApp, ella está al margen. Alba forma parte del 7% de adolescentes de 14 años que no tiene móvil en España.

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