Historia de 17 Escuelas Creativas

Las escuelas no matan la creatividad. Todo lo contrario. Las escuelas son lugares de creatividad. No es que haya algunas escuelas y algunos docentes creativos. Es que todas las escuelas son creativas. Lo son porque todos lo somos. Porque la creatividad no es patrimonio de nadie, no pertenece a nadie y nadie tiene su exclusividad. Es un bien común y, como tal, es de todos y no es de nadie. Las escuelas son creativas porque educar es un acto creativo o, como sostiene Gert Biesta, un acto de creación de algo que no existía antes. O mejor, un acto de transformación. Todas las escuelas son un lugar de creatividad porque no hay nada más creativo que un grupo de personas que desde su diversidad orientan sus esfuerzos a la tarea de enseñar y de aprender juntos. No hay nada más creativo que la interacción que se produce a diario en un aula entre un maestro y sus alumnos. Esa interacción que llevó a Albert Camus a dedicar el discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura a su maestro y a escribirle días después una hermosa carta que todos quisiéramos recibir alguna vez. Por eso educamos. La creatividad es, parafraseando a Jean Piaget, saber lo que hacer cuando no sabemos qué hacer. Así entendida, la creatividad, como la inteligencia, es compuesta, expandible, práctica, intuitiva, distribuida, social.

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