La motivación, un pilar fundamental para el éxito escolar
Se acepta de forma generalizada que la motivación, entendida como el grado de esfuerzo de los alumnos para obtener unos satisfactorios resultados académicos, es un condicionante decisivo en el proceso de enseñanza/aprendizaje, hasta el punto de que maestros, pedagogos y psicólogos la consideran un indicador decisivo en el éxito o fracaso escolar.
Sin embargo, cuando recurrimos a la motivación como favorecedor del aprendizaje, tanto padres como educadores debemos tener presente la diferenciación entre motivación intrínseca o automotivación y motivación extrínseca o estimulación.
Aunque ambas coinciden en que despiertan el interés por el estudio, en la primera el estudiante no necesita incentivos materiales porque está basada en necesidades internas, como puede ser el estudiar para saber más y para superarse. En la segunda es necesario contar con un estímulo externo como puede ser estudiar para superar un examen, para obtener una buena nota o para conseguir un premio o recompensa.
Si bien es cierto que el estudio con estímulos puede ser necesario en determinadas etapas evolutivas, también es verdad que la automotivación o motivación intrínseca es la que debe potenciarse en la búsqueda de afianzamiento de la personalidad.
Si el ser humano está naturalmente motivado para aprender desde el momento de su nacimiento, como lo demuestra el que desee aprender a alcanzar un juguete, a caminar, etc., ¿cuáles son las razones de que pierda esa motivación natural con el paso del tiempo?. ¿puede ser la contaminación adulta la que interfiera en ese interés natural por aprender?
Es evidente que actitudes de padres, educadores y contexto social en que se desarrolla el niño van a condicionar de forma definitiva la motivación académica del alumno.
Una de las primeras consecuencias de la falta de motivación es el fracaso escolar, que se produce cuando un alumno/a no alcanza los objetivos propuestos según su edad, maduración y capacidad.Cuando empiezan a detectarse las primeras valoraciones negativas de los estudios en casa o en el colegio, los padres y el profesorado tienen que investigar qué está pasando y la primera medida será realizar un análisis de diagnóstico para averiguar de donde proviene el fracaso escolar y comprobar que no está relacionado con problemas físicos: alguna enfermedad, deficiente visión o audición, mala alimentación, o con una deficiente capacidad intelectual, bien porque en el niño hay algún tipo de limitación o porque tiene sobredotación y tal vez se aburra en las clases y no trabaje.
También conviene tener en cuenta los aspectos emocionales que pueden imposibilitar que algunos niños lleven sus estudios con normalidad: carencias afectivas, sobreprotección, miedos profundos, inferiorización, hiperactividad…
Y también es necesario analizar si los chicos han incorporado unas técnicas y hábitos de estudio adecuados, pues, a veces estudian, pero su esfuerzo no se ve recompensado y se desaniman.
La falta de motivación es casi siempre el desencadenante del fracaso escolar. Quizá en casa los niños no cuentan con el apoyo o con los estímulos necesarios y en la escuela tampoco se ha conseguido despertar el interés por aprender o, al haber clases muy numerosas y heterogéneas, algunos niños no pueden recibir la atención que precisan.
Una vez que se haya encontrado la causa de por qué no va bien en los estudios, es preciso aceptar el problema y que los padres y el profesorado tutor elaboren un plan de actuación conjunta. En dicho plan se fijarán unas metas altas, pero alcanzables y se tratará al niño como capaz de llegar a ellas.
Se procurará crear un caldo de cultivo y unas condiciones que favorezcan la incorporación por parte del niño de unos hábitos y actitudes: constancia, voluntad, ánimo…, que puedan ayudarle a llegar más lejos incluso que teniendo mucha inteligencia. A lo largo del proceso se le irán reconociendo los avances para que vaya ganando confianza en sí mismo y aumente su autoestima.
Conviene tener claro que para los niños es fundamental sentir que sus padres y profesores les valoran y les quieren por ellos mismos, aunque no vayan bien en los estudios.
Padres y profesores pueden aumentar la motivación académica, manteniendo una buena relación y un trabajo conjunto que se complemente, buscando que el niño sienta placer por ir al centro y por aprender para superarse y ante todo tener muy claro que tanto la institución familiar como la educativa tienen un mismo objetivo: la formación integral del niño.
Seguramente cada pedagogo o cada psicólogo podría presentar un amplísimo abanico de recomendaciones para potenciar la motivación. A continuación ofrecemos un decálogo de actitudes que también podrían contribuir a mejorar la motivación:
- La relación y la comunicación entre padres/hijos y profesores/alumnos
- La cooperación entre padres/profesores
- Favorecer la independencia y responsabilidad a través de una disciplina razonable
- Proporcionar la posibilidad de realización de actividades exitosas, identificando y disfrutando de lo “bien hecho”, además de elogiar esfuerzos y logros
- Demostrar de forma explícita respeto mutuo entre profesores, padres y alumnos/hijos
- Buscar la firmeza y la justicia en las actuaciones
- Diagnosticar a tiempo un problema, tratarlo conjuntamente y evitar que se sienta confundido o frustrado, sobre todo los derivados de la relación con amistades o compañeros.
- Contactar con grupos de padres o de maestros que ofrecen apoyo.
- Saber dosificar gradualmente el esfuerzo, sin exigir más de lo posible teniendo en cuenta la posibilidades y limitaciones.
- Si existe razón para sospechar de una dificultad o incapacidad de aprendizaje buscar de inmediato un diagnóstico técnico y buscar causas y soluciones.
Si queremos contribuir a mejorar el rendimiento escolar es necesario comenzar por maximizar la motivación en los alumnos, evitando estándares irregulares en el seno de la familia o en el centro educativo que provoquen desaliento en la motivación.
También suele resultar interesante crear foros de debate sobre estrategias básicas de procedimiento para tratar el tema de la motivación, tanto en el ámbito escolar como en el familiar resulta interesante.

José Carlos Otero López
(Lic. en Pedagogía)


