Aulas multilingües: el desafío de transformar la diversidad en riqueza educativa
Nuestras aulas reflejan en la actualidad una sociedad globalizada y en constante movimiento. Según el informe PISA, el 11% del alumnado de la OCDE habla en su hogar una lengua distinta a la de la escuela, una proporción que se eleva significativamente entre los estudiantes de origen inmigrante. A nivel global, la UNESCO amplía este escenario al estimar que el 40% de la población mundial recibe educación en un idioma diferente al de su entorno habitual. Esta realidad internacional es cada vez más palpable en el sistema educativo gallego. Aunque la convivencia de lenguas maternas plantea retos organizativos y pedagógicos, también abre valiosas oportunidades de aprendizaje y enriquece la experiencia escolar.
En España, el multilingüismo en las aulas no es un fenómeno nuevo. La existencia de comunidades históricamente bilingües como Galicia, sumada a la llegada de población extranjera, ha integrado la diversidad lingüística en el día a día escolar. Sin embargo, su gestión exige una mirada atenta. Aunque la convivencia entre el gallego y el castellano no suele generar conflictos directos, existe el riesgo latente de un desplazamiento de la lengua con menor peso social. Los docentes advierten que los niños tienden a abandonar la lengua minoritaria en el aula para mimetizarse con el grupo, lo que a menudo va en detrimento del uso del gallego.
El gran reto radica en garantizar que el dominio de la lengua vehicular no implique renunciar a la materna. La pérdida del idioma del hogar debilita los lazos culturales y afecta al desarrollo identitario del menor. Por ello, es fundamental que los niños mantengan sus vínculos lingüísticos originales mientras incorporan nuevos idiomas. En este sentido, el espacio familiar actúa como la principal fórmula de resistencia y transmisión cultural.
La ciencia respalda la intervención educativa temprana: en la infancia, la plasticidad cerebral se encuentra en su punto máximo, permitiendo absorber múltiples estímulos lingüísticos de forma natural. Para aprovechar este potencial, la familia debe ofrecer refuerzo positivo y motivación, puesto que, si el niño no ve reconocido su esfuerzo, puede llegar a perder el interés. Y mientras el hogar se encarga de preservar las raíces, el aprendizaje de segundas lenguas puede fomentarse mediante la lectura, la televisión, vídeos o academias, sin menospreciar nunca los orígenes del alumno. Así, la colaboración bidireccional es clave: la escuela aporta la pedagogía y el seguimiento, y la familia refuerza el uso cotidiano del idioma.
Actualmente, los planes de estudio universitarios en España preparan a los docentes combinando la enseñanza de la lengua vehicular, la didáctica de las lenguas autonómicas y la educación bilingüe. A esto se suman los “programas de acollida” en Galicia para evitar el rezago lingüístico. Sin embargo, para que estos planes sean eficientes ante el aumento de alumnado extranjero y con necesidades especiales, sigue siendo imprescindible dotar a los centros de más profesorado.
Para mitigar barreras, el aula debe generar una comunicación natural mediante juegos cooperativos, canciones, poesías y recursos audiovisuales. Asimismo, la era digital ofrece grandes aliadas como videojuegos educativos, actividades interactivas y vídeos subtitulados para trabajar la pronunciación y el vocabulario. Con todo, ninguna tecnología sustituye al factor humano: el acompañamiento del docente sigue siendo el motor indispensable para guiar el aprendizaje y garantizar una verdadera inclusión.

José Manuel Súarez Sandomingo


