Guía para docentes sobre el cuidado de la salud mental del alumnado
La Fundación Mapfre ha editado un vademécum de apoyo al docente en un momento en el que la salud mental del alumnado se ha convertido en una preocupación central dentro de los centros educativos. El documento, fruto del trabajo de un equipo de psicopedagogos, sitúa al docente en un lugar decisivo: no como profesional clínico, sino como observador privilegiado de la vida cotidiana del estudiante. Desde esa posición, el profesor puede advertir cambios, detectar señales tempranas de sufrimiento emocional y activar los mecanismos de acompañamiento y derivación que permitan intervenir a tiempo.
A lo largo de sus páginas, la guía describe un panorama complejo. La ansiedad aparece como un mal extendido, alimentado por la presión académica y el temor a no encajar. La depresión, cada vez más frecuente, se oculta tras irritabilidad, aislamiento o estallidos de ira que a menudo pasan desapercibidos. Los trastornos de la conducta alimentaria crecen impulsados por la presión estética y la comparación constante en redes sociales. Y en el trasfondo, una realidad estremecedora: el suicidio es ya la segunda causa de muerte no natural entre jóvenes de 15 a 25 años.
El texto detalla cómo las manifestaciones del malestar cambian según la edad. En la niñez, el sufrimiento se expresa en rabietas, llanto, agresividad o dolores físicos sin causa médica. En la adolescencia, toma la forma de apatía, tristeza persistente, desesperanza o una rebeldía que a veces se vuelve explosiva. En ambos casos, el aula se convierte en un espacio donde estos signos pueden hacerse visibles: un descenso repentino en el rendimiento, cambios bruscos de humor, aislamiento, alteraciones del sueño o del peso, quejas continuas de dolor de cabeza o estómago.
La función del docente es ofrecer contención, escucha y un acercamiento empático, siempre desde la prudencia y el respeto a sus límites profesionales. Observar patrones, hablar con el alumno en privado, generar confianza y coordinarse con el equipo educativo y las familias son pasos esenciales para construir una respuesta integral.
El entorno escolar aparece en la guía como un factor decisivo. Un clima emocional positivo, inclusivo y respetuoso actúa como protección; uno hostil, competitivo o desregulado puede convertirse en un riesgo. Por eso se anima a los centros a promover la convivencia, reforzar los logros —por pequeños que sean—, incluir actividades de resolución de conflictos, empatía y autocontrol, y evitar la sobrecarga académica. El documento también aborda cuestiones delicadas como el acoso escolar, las adicciones, la identidad sexual, los malos tratos en el hogar o los protocolos tras un suicidio en la comunidad educativa.
Las entidades que han impulsado el proyecto subrayan su relevancia social. Fundación Mapfre destaca la necesidad de sensibilizar con rigor y claridad; Siena Educación recuerda que la escuela solo se transforma cuando dispone de recursos reales para sostener el desarrollo emocional del alumnado; Grupo Anaya reivindica el compromiso con una educación más humana y celebra la distribución gratuita del vademécum en 22.000 centros del país.
El carácter vivo del documento se refuerza con un código QR que permite a profesionales aportar sugerencias y actualizar contenidos según las necesidades reales del aula. Así, la guía no se presenta como un manual cerrado, sino como una herramienta en evolución, diseñada para acompañar al profesorado en un reto que ya forma parte esencial de la vida escolar: cuidar la salud mental de quienes aprenden.

José Manuel Suárez Sandomingo


