CUANDO LAS MADRES Y PADRES SON DESAPEGADOS
Generalmente cada familia o cada miembro de la familia suele manifestar una tendencia hacia un determinado estilo parental, pero no olvidemos que todos, en algún momento, podemos mostrar conductas relacionadas con cualquier estilo. En esta ocasión vamos a analizar lo que sería un estilo desapegado, indiferente o inhibicionista. Este se caracteriza por creer que la vida y las experiencias son las que irán proporcionando ciertos aprendizajes al niño, ya que este tiene una capacidad innata para aprender todo lo que necesita. Lo único necesario es que le permitamos su libre desarrollo y no le impongamos fuertes disciplinas. Así el niño va realizando los aprendizajes por azar, no en función de sus necesidades. Son padres que piensan que cuanto antes los niños experimenten lo dura que es la vida, antes podrán adaptarse a ella; si se les resuelven los problemas con los que se van encontrado no tienen la posibilidad de aprender. Creen además que demasiada cercanía afectiva los hace débiles, por lo que les cuesta proporcionar afecto. Pueden ser desprendidos en todos los aspectos del desarrollo del niño (alimentación, higiene, descanso, cuidado personal, estudio, amistades) o sólo en algunos, pero procurarán cubrirle siempre las necesidades materiales básicas. No suelen tener en cuenta ni las opiniones, ni las emociones de los pequeños.
¿Qué hacen esos padres habitualmente?
Suelen ser padres muy centrados en sus tareas o en sus responsabilidades y necesitan que los niños se manejen por sí mismos. Cuando sus hijos les demandan, bien porque tienen hambre, sueño, están enfermos, quieren jugar, ellos se sienten nerviosos y preocupados y necesitan que todo vuelva a la normalidad, porque no quieren dejar desatendidas sus tareas; para sentirse bien necesitan que cada miembro de la familia se gestione de una manera poco dependiente. Les gusta que los niños muestren iniciativa y hagan cosas con autonomía, pero no suelen reforzar las conductas positivas, a no ser que sea algo extraordinario. Les molesta que tengan comportamientos inadecuados, y cuando estos se presentan acostumbran ser bastante rígidos y suelen imponer sanciones duras. No ceden a los lloros, ni a los caprichos de los hijos aunque perciban en ellos mucho dolor, tienen poca sensibilidad hacia las necesidades emocionales de los pequeños. Cuando otro adulto se muestra sensible a sus deseos, le sugieren que no lo haga, que debe hacerlo por él mismo, que no necesita nada. Controlan poco, incluso insuficientemente, los momentos de ocio de los hijos, por lo que estos suelen ser niños que ven mucho la TV, o juegan a los videojuegos, consolas u ordenadores sin límites. También suelen desatender sus relaciones sociales, conociendo poco a sus amigos y regulando escasamente esta faceta.
Consecuencias
Los hijos creen que todo lo que sucede a sus padres es mucho más importante que lo que les sucede a ellos, por lo que deben gestionarse de un modo autónomo. Aprende rápido, incluso antes que otros compañeros de su edad, ciertas habilidades relacionadas con el autocuidado que pueden resultar sorprendentes (permanecer solo en casa, calentarse la comida, hacerse el desayuno, levantarse e ir al colegio solo), pero otras que no las considera necesarias para su bienestar, como el orden, el cumplimiento de tareas y compromisos, las desatiende, para darle prioridad al ocio. Suelen buscar apoyos en otras personas, por eso desde pequeños les gusta ir a casa de los abuelos, de los tíos o de amigos, donde le ofrecen mimos y cuidados. Tiende a tener un autoconcepto positivo en aquellos aspectos que han resuelto por ellos mismo, ya que se ven obligados continuamente a poner a prueba dicha competencia; en cambio presentan baja estabilidad emocional y una baja autoestima, debido a la falta de afecto y reconocimiento que sufren a lo largo de la infancia. Pueden aparecer dificultades de aprendizaje o fracaso escolar si hay algún rasgo personal que lo favorezca, ya que no van a tener ayuda o esta va ser mínima; lo que hará que en la adolescencia se presente algún problema de absentismo o conducta disruptiva, ya que les cuesta mucho ajustarse a unas normas. También es posible encontrarse con casos que resuelven bien el tema estudio si su experiencia escolar es motivamente y no aparece déficit que influya en el aprendizaje.
Fuente: Carriola

Dolores Armas
Lic. en Psicopedagogía


