La moratoria digital en la educación primaria: El retorno a la escritura manual como estrategia cognitiva
La política educativa en la Comunidad de Madrid ha iniciado un viraje hacia lo que los expertos denominan “presencialidad analógica“. Esta decisión, que paraliza la distribución de dispositivos individuales en los primeros cursos de Primaria, no es un fenómeno aislado. Responde a una tendencia de desdigitalización temprana que ya han consolidado países como Suecia y Francia, fundamentada en una revisión crítica de los resultados académicos y en la evidencia neurocientífica publicada en el último año.
Bajo el Decreto 64/2025, de 23 de julio, la Comunidad de Madrid se ha convertido en la primera autonomía de España en eliminar de forma estructural el uso individual de dispositivos digitales en Infantil y Primaria. Este curso 2025-2026 curso actúa como el periodo de transición definitivo. No obstante, el decreto establece una flexibilidad técnica: aquellos centros que ya tenían proyectos consolidados de “un dispositivo por alumno” disponen de una moratoria excepcional hasta el 31 de agosto de 2026 para reajustar sus proyectos educativos a la nueva realidad analógica.
En el epicentro de este cambio de paradigma, Francesc Nogales, docente galardonado y referente en innovación educativa, matiza que la limitación de pantallas en Madrid no debe entenderse como una cruzada contra la tecnología, sino como una defensa de la madurez cognitiva. Nogales asegura que prohibir el uso de dispositivos de forma absoluta supondría fomentar el analfabetismo digital, pero subraya que el papel de padres y docentes es establecer fronteras nítidas. “Aprender a usar herramientas digitales no significa vía libre para el uso de redes sociales o YouTube”, recalca, mientras defiende un modelo de uso controlado, con tiempos limitados y fines estrictamente educativos.
Asimismo, el docente sostiene que la coordinación oculomanual y la motricidad fina son pilares del desarrollo neuronal que la pantalla no puede replicar. Nogales advierte que otorgar dispositivos antes de tiempo es un riesgo comparable al consumo de alcohol en menores: “Por edad, es algo que no toca”. Para el profesor, el argumento de peso contra la adicción digital es preventivo: “¿Queremos fomentar problemas de salud mental en nuestros hijos?”, cuestiona de forma contundente.
Bajo el prisma de la resistencia intelectual, Nogales desgrana la necesidad de recuperar la atención sostenida frente a la inercia del “copiar y pegar”. El docente apunta que vivimos en una sociedad que analiza cada vez menos y apuesta por un perfil de alumno capaz de terminar un libro o ver una película de dos horas sin consultar el móvil. “Debemos apagar las pantallas y encender las mentes”, sentencia, enfatizando que el objetivo es formar ciudadanos que no validen cualquier argumento sin cuestionar el mensaje subyacente.
En cuanto al impacto de la Inteligencia Artificial, el experto considera que la clave reside en modificar la naturaleza de los desafíos que se plantean en el aula. Explica que la IA no es el enemigo, pero sí obliga a dar valor a lo que el algoritmo no puede generar, priorizando el trabajo presencial frente a los deberes para casa. En esta etapa de socialización, Nogales apuesta por recuperar el “cuerpo a cuerpo” en detrimento de unas redes sociales que funcionan como un refugio de identidades filtradas. “En la vida real debemos aprender a explicarnos sin filtros”, afirma, destacando que el soporte analógico reduce la ansiedad por la comparación constante.
En esta línea, M. Victòria Gómez, presidenta del Collegi Oficial de Pedagogia de Catalunya sostiene que el retorno a una educación primaria analógica no responde a una resistencia al progreso, sino a una necesidad de “respetar cómo aprende el cerebro infantil”. Según la experta, el objetivo es preparar al alumnado para un uso inteligente de la tecnología, evitando que se conviertan en meros “consumidores pasivos”. En este sentido, recurre a la paradoja de los grandes referentes tecnológicos, como Steve Jobs o Bill Gates, quienes impusieron reglas estrictas a sus hijos, argumentando que las pantallas “convierten a los infantes en consumidores”, mientras que la lectura y la conversación los transforman en pensadores.
Por otro lado, Nogales alerta también sobre la erosión de la resistencia lectora, un mal que ya afecta también a los adultos. Nogales detalla que el auge del “mensaje destilado” y la lectura diagonal están desvirtuando la profundidad del pensamiento. Pone el foco en una tendencia preocupante de la literatura juvenil actual, donde se recurre al contenido sexual explícito para “atrapar” a lectores que han perdido la capacidad de profundizar. “No todo vale para vender libros”, denuncia, advirtiendo que la capacidad de crear relatos maravillosos se está perdiendo en favor de una síntesis brillante pero vacía.
Por tanto, y bajo el prisma de la evidencia científica, la escritura manual no es una tecnología obsoleta, sino una herramienta de desarrollo cerebral. El informe
National Assessment of Reading Competency post-Digitalization (2025), publicado por la Agencia Nacional de Educación de Suecia (Skolverket), vincula directamente el descenso en los niveles de comprensión lectora con la sustitución prematura de los libros de texto por soportes digitales. El documento sostiene que la infraestructura cognitiva necesaria para el pensamiento abstracto se debilita cuando el proceso de aprendizaje se media exclusivamente a través de interfaces táctiles.
¿Cómo es el mapa europeo?
Durante años, el progreso se midió en el número de tabletas por alumno. Hoy, en pleno 2026, la métrica ha dado un vuelco de 180 grados. Mientras la economía vuela hacia la Inteligencia Artificial, las aulas europeas están viviendo un fenómeno de “retorno al papel”. No es una regresión tecnológica, sino una medida de salud pública y pedagogía crítica.
La tendencia no es uniforme, pero sí clara. Curiosamente, los países que más rápido se digitalizaron son ahora los más firmes en la restricción.
- • Suecia: Es el caso más radical. Tras ser pioneros en eliminar los libros de texto, el Gobierno sueco ha dado marcha atrás con una inversión millonaria para devolver el papel a las aulas. Su ministra de Educación ha sido tajante: el exceso de pantallas ha mermado la capacidad de lectura y comprensión.
- • Países Bajos: Ha consolidado en este 2025/2026 la prohibición total de móviles en secundaria, extendiéndola ahora a una supervisión mucho más estricta de cualquier dispositivo en primaria.
- • Francia: El país galo ha seguido los mismos pasos que los holandeses. Su Ministerio de Educación ha presentado en enero de 2026 los resultados de su plan de “sobriedad digital” en el informe “Bilan de la pause numérique sur les performances scolaires”. El balance indica que los alumnos que recuperaron el uso prioritario de cuadernos y libros físicos mejoraron sus índices de alfabetización en un 12% respecto al año anterior. Este informe subraya que el papel permite una navegación espacial del texto que facilita la memoria de trabajo, algo que el desplazamiento vertical (scrolling) de las pantallas tiende a desorientar. Como sostiene la Dra. Audrey van der Meer, en su reciente intervención para el foro de la OCDE y el documento técnico “Education at a Glance: Digital Overexposure in Early Childhood” (octubre 2025), el uso de herramientas físicas de escritura actúa como un “andamiaje sensorial” esencial.
- • Reino Unido: Aunque no hay una ley nacional única, las directrices del Departamento de Educación han provocado que la mayoría de colegios ya sean zonas “libres de pantallas” por defecto.
- • Alemania: Su sistema descentralizado hace que la digitalización sea aún irregular, por lo que el debate del “frenazo” no ha llegado con tanta fuerza como en el norte.
- • Polonia y Rumanía: Siguen en una fase de expansión digital, viendo la tecnología más como una herramienta de ascenso social que como un riesgo, aunque ya empiezan a mirar de reojo los informes de la OMS sobre salud mental.
- • España: En el país, la situación es un espejo de la realidad autonómica: heterogénea y, a veces, contradictoria.
Madrid: La Comunidad de Madrid ha tomado la delantera política y normativa. Para este curso 2025-2026, Madrid ha ejecutado una de las regulaciones más estrictas de Europa:
Cataluña: Ha seguido un camino similar, pero más centrado en la presión social de los grupos de familias (como el movimiento Adolescencia libre de móviles) que ha forzado a la Generalitat a regular el uso en institutos.
Galicia y Castilla y León: Mantienen un equilibrio más cauto. Al ser regiones con excelentes resultados en PISA, han preferido dejar autonomía a los centros, aunque la tendencia al “libro físico” está ganando terreno en las AFAS (Asociación de Familias y Alumnos).
Andalucía y Extremadura: Siguen apostando fuerte por la digitalización como vía para cerrar la brecha educativa, siendo menos restrictivas en el uso de dispositivos en el aula comparadas con Madrid.
José Manuel Suárez Sandomingo, doctor en Pedagogía y presidente de Apega (Asociación Profesional de Pedagogos y Psicopedagogos de Galicia) aporta su experiencia desde la realidad gallega. Es tajante: “Galicia no ha renunciado a la tecnología, pero tampoco acepta que sustituya aquello que constituye la base del aprendizaje”. Explica que la Consellería no busca un retroceso, sino una reordenación donde se recuperen herramientas analógicas para el desarrollo cognitivo. Según el presidente, la futura Lei de Educación Dixital garantiza que hasta 4º de Primaria no haya uso individual de pantallas, ya que “se priorizarán la lectura en papel, la escritura manual y el trabajo manipulativo”. Asegura que el uso de lápiz y papel no es por nostalgia, sino por “neurociencia, experiencia docente y sentido común”.
Desde una perspectiva analítica, Gómez subraya que la neurociencia confirma que actividades como escribir a mano o construir con materiales físicos “activan redes neuronales profundas” que la pantalla ignora. Cita las investigaciones de Virginia Berninger para reforzar que la escritura manual permite redactar textos más complejos y mejora tanto el recuerdo como la comprensión lectora. Para la pedagoga, la base cognitiva —que incluye la lateralidad, la motricidad fina y la atención sostenida— se forja “a fuego lento” y requiere necesariamente de materiales físicos. “Escribir obliga a pensar”, afirma la Dra. Gómez, contrastando esto con la lectura en pantalla, la cual favorece un escaneo rápido pero “perjudica la comprensión profunda” y la memoria a largo plazo.
Sobre la diferencia entre el papel y lo digital, Suárez sostiene que el papel funciona como una extensión del pensamiento que la pantalla no puede replicar. En el primer ciclo, afirma que “el niño piensa con el cuerpo: traza, presiona, corrige, manipula y ordena”.
El experto señala que, mientras el papel permite ver el proceso de aprendizaje a través de tachones y márgenes, la pantalla es excesivamente rápida y plana. Según Suárez, “el gesto digital se reduce a un toque sin fricción ni huella”, lo que impide que el error se convierta en una oportunidad de aprendizaje real.
Por otro lado, Suárez advierte que la sobreexposición digital genera una brecha de calidad cognitiva. El presidente explica que el entorno analógico fomenta un pensamiento lento y reflexivo, mientras que el digital es fragmentado. “La digitalización precoz no democratiza: debilita las bases cognitivas“, afirma con contundencia. Además, subraya que este problema es más grave en hogares con menos recursos, donde la escuela debe ser el espacio que garantice el entrenamiento de la concentración y la memoria.
Para frenar este deterioro, la Dr. Gómez propone una responsabilidad compartida donde las familias actúen como gestores del acceso digital y los centros educativos implementen un Plan Digital que coordine el aprendizaje entre la escuela y el hogar.
En este mismo punto, la asesora permanente de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Docentes de Madrid, Ana Roa García explica que el uso del papel y el lápiz actúa como una auténtica herramienta de pensamiento. Según afirma, “cuando usamos el papel y el lápiz estimulamos más áreas cerebrales que con los dispositivos digitales”. La experta señala que escribir a mano mejora la concentración y favorece la retención y comprensión de la información, lo que fortalece la memoria a largo plazo. Además, subraya que el propio gesto físico de la escritura “reduce la fatiga mental porque estructura el pensamiento”, algo que la tecnología no logra replicar en estas edades tempranas.
Por otro lado, Suárez comenta que la mayoría de las familias reciben este cambio hacia lo analógico como un auténtico alivio. Asegura que los padres no rechazan la tecnología, sino la saturación que genera problemas de conducta y atención. El presidente concluye que la preocupación por la competitividad desaparece cuando se entiende que “la verdadera ventaja futura nace de una mente bien construida, no de una tablet en Infantil”.
Para Toni García Arias, profesor de la VIU y de la UDIMA, la limitación de dispositivos no es un paso atrás, sino una forma de devolver “libertad pedagógica” a las aulas. Sostiene que no se puede confundir la tecnología con la metodología, ya que para un aprendizaje profundo se requieren recursos variados. “Las pantallas son un recurso más, al igual que los libros, y es importante que ni uno ni otro invada el proceso de modo monopolizador”, afirma el docente, quien defiende que los profesores deben poder elegir libremente si sus alumnos estudian botánica en un libro o directamente en el huerto escolar.
También, la asesora Roa García, coincide en que no se trata de una vuelta atrás, sino de una recuperación pedagógica necesaria. La experta afirma que la sobreexposición a las pantallas tiene consecuencias directas en el aprendizaje académico, ya que “afecta a capacidades clave como la atención-concentración y la comprensión lectora del alumnado”. En este sentido, indica que la distracción constante, la multitarea y la estimulación excesiva —tanto en el ámbito escolar como en el ocio— provocan que niños y niñas pasen “enganchados un gran número de horas” a los dispositivos. Por ello, sostiene que recuperar herramientas como el lápiz y el papel resulta imprescindible.
La presidenta de la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos (CONCAPA) ha querido también analizar el giro hacia lo analógico como un proceso marcado por el “desconcierto”. Melero critica que, tras años de presionar a las familias para invertir en tecnología, se aplique una moratoria “sin una explicación pedagógica clara” y sin diálogo previo. Advierte que esta transición se percibe en muchos hogares como un “desperdicio de recursos”, especialmente en aquellos con menor capacidad económica que hicieron un esfuerzo por digitalizarse.
No obstante, Melero aclara que la asociación no plantea un dilema de “digital sí o no”, sino un problema de “equilibrio, coherencia y planificación”. Para las familias, el retorno al libro y al cuaderno es un alivio, ya que los padres se sienten “analógicos” y este es su “espacio de confort” para supervisar las tareas. La presidenta afirma que el papel permite un acompañamiento “más natural y menos conflictivo”, evitando que los padres deban convertirse en “técnicos informáticos” para entender qué estudian sus hijos.
Para CONCAPA, las familias están preparadas para defender la caligrafía y el dibujo manual como derechos del desarrollo infantil. Melero argumenta que pintar en papel requiere “concentración, esfuerzo y motricidad fina”, capacidades que en la edad adulta se automatizan gracias a ese “entrenamiento puro y duro”. Apoyándose en las tesis de Gregorio Luri, defiende que la riqueza lingüística y la lectura reposada son la base del pensamiento crítico. “No se trata de elegir entre caligrafía o tecnología”, explica, sino de “ordenar los aprendizajes: primero las bases, después las herramientas“.
Melero también hace un llamamiento a la corresponsabilidad. Melero pide a los padres “disfrutar de sus hijos en analógico” y a las instituciones que no se limiten a prohibir, sino que exijan a las operadoras controles de acceso reales. El mensaje de CONCAPA es de coherencia: la escuela puede ser el motor del cambio, pero la educación “del ejemplo, del cariño y de la paciencia” reside en el hogar, lejos de los estímulos de un mundo virtual que, a menudo, distorsiona la realidad.
La ciencia respalda lo analógico
Frente a quienes cuestionan el uso del lápiz en 2026, García Arias es tajante: la ciencia respalda lo analógico. Explica que la escritura manual activa procesos cognitivos profundos como la planificación y la memoria, algo que lo digital no replica de la misma forma. “No volvemos a los lápices por nostalgia, sino por pura neuroeducación básica“, señala, argumentando que la pregunta clave no es por qué se siguen usando, sino por qué se pensó que podían desaparecer cuando ambos soportes son necesarios y complementarios.
El abuso de dispositivos y el hábito del “copia y pega” están, según el experto, empobreciendo la capacidad de abstracción en Secundaria. García Arias advierte que esta práctica evita la fase más crítica del aprendizaje: pensar, seleccionar y jerarquizar. En su opinión, si el alumno se limita a volcar información sin procesarla, “el pensamiento abstracto siempre se queda en modo borrador y no va a más”, impidiendo que la información se convierta en conocimiento real y sólido.
Roa García explica que el uso del papel y el lápiz actúa como una auténtica herramienta de pensamiento. Según afirma, “cuando usamos el papel y el lápiz estimulamos más áreas cerebrales que con los dispositivos digitales“. La experta señala que escribir a mano mejora la concentración y favorece la retención y comprensión de la información, lo que fortalece la memoria a largo plazo. Además, subraya que el propio gesto físico de la escritura “reduce la fatiga mental porque estructura el pensamiento”, algo que la tecnología no logra replicar en estas edades tempranas.
Más allá de los contenidos, la vuelta al papel impacta directamente en la convivencia. García Arias observa que, sin pantallas de por medio, las relaciones interpersonales ganan profundidad mediante la mirada y la escucha activa. Reducir la conexión permanente en la ESO no solo mejora la socialización, sino que “reduce también la ansiedad que produce la comparativa constante a la que uno está expuesto en lo virtual”, un factor clave en una etapa donde la identidad está aún en construcción.
Con la irrupción de la IA generativa, García Arias defiende en sus conferencias la necesidad de evaluar procesos y no solo resultados. Si un producto final puede ser generado por un algoritmo, el papel y el bolígrafo se vuelven herramientas de transparencia pedagógica. Según el profesor, estos soportes “hacen visible el proceso: los pasos, los errores y la lógica interna”, permitiendo distinguir si existe un pensamiento propio o una simple delegación cognitiva en la máquina.
La pedagoga y divulgadora Valeria Aragón advierte de los riesgos de introducir sistemas de inteligencia artificial en el proceso creativo infantil antes de que el niño haya consolidado sus propias estructuras de pensamiento analógico. La experta sostiene que el principal peligro es una dependencia prematura por pereza mental, ya que el niño puede empezar a “descargar sistemáticamente el esfuerzo cognitivo en la máquina” justo en la etapa en la que debería estar construyendo sus bases intelectuales.
Según afirma, cuando la IA “resuelve el producto por el niño o le ofrece opciones antes de que piense por sí mismo”, se interrumpe el tránsito por la llamada zona de dificultad óptima, ese espacio imprescindible en el que se entrenan las habilidades que realmente construyen pensamiento. Aragón explica que es ahí donde el niño aprende a probar, combinar, planificar, registrar errores y aciertos, iterar y volver atrás. En palabras de la experta, es en ese proceso donde “nace el criterio y la autonomía”.
Además, señala que esta delegación temprana distorsiona la propia noción de creatividad. Desde su experiencia, indica que el niño tiende a atribuirse el mérito del resultado final y puede acabar creyendo que crear consiste en “elegir entre opciones ya fabricadas”, en lugar de explorar desde cero, sostener la incertidumbre y generar estructura propia. En este sentido, advierte de que el aprendizaje profundo no se basa en importar respuestas, sino en construir referencias internas que permitan establecer analogías y transferir lo aprendido a contextos nuevos. Si el niño recibe directamente la solución final, sostiene Aragón, no solo deja de entrenar esa capacidad, sino que interioriza una idea mucho más peligrosa: que pensar es prescindible y que “sin la máquina no puedo”.
También, García Arias alerta sobre la normalización del skimming o lectura saltatoria, un fenómeno que ya merma la atención en Primaria y se consolida en la ESO. El cerebro, al que define como “vago” por naturaleza, tiende a adaptarse a niveles de exigencia bajos si el entorno no le pide profundidad. Sin embargo, se muestra optimista: “Cuando se crean rutinas lectoras en papel, con tiempo y acompañamiento, los alumnos responden”, demostrando que la falta de resistencia no es irreversible, sino una consecuencia del entorno digital.
En relación con este debate sobre la tecnología como elemento igualador, la coordinadora de la sección de Pedagogía y Psicopedagogía del Colegio Oficial de Docentes de Madrid introduce el concepto de “brecha cognitiva” que adelantaba Suárez. Explica que este término hace referencia a la diferencia en la capacidad de procesar la información de manera crítica para consolidar el conocimiento de forma eficaz. En el caso del alumnado, advierte que una exposición diaria y constante a dispositivos digitales en todos los entornos “puede limitar su desarrollo académico”, generando desigualdades no tanto de acceso, sino de calidad cognitiva.
El impacto en el desarrollo neuropsicológico
Los datos arrojan una realidad incontestable sobre la plasticidad cerebral en el primer ciclo de Primaria. Según el estudio Neural Bases of Literacy in the Digital Age: A Comparative fMRI Study, publicado en la revista Nature Neuroscience en mayo de 2025, la coordinación óculo-manual requerida por el trazo del lápiz sobre el papel activa circuitos específicos en el área de Broca que permanecen inactivos durante el uso del teclado.
El informe pone de relieve que la memorización de la forma de las letras y la ortografía es significativamente superior en los grupos que utilizan métodos tradicionales. Fuentes consultadas por este medio en el Instituto Max Planck para la Investigación del Metabolismo destacan que el entorno digital genera una “atención fragmentada”. En su último balance de diciembre de 2025, titulado “Digital Saturation and Executive Function in Early Childhood”, el instituto señala que los hipervínculos y la naturaleza interactiva de las tabletas impiden la consolidación de la “atención profunda”, una capacidad crítica que se forma entre los 6 y los 10 años.
Sobre la diferencia en la activación neuronal entre escribir a mano y usar un teclado, la Dra. María Jesús Maldonado, psicóloga clínica y neuropsicóloga de la Unidad de Neuropsicología (Servicio de Psiquiatría y Psicología Clínica) del Hospital Niño Jesús explica que las redes activadas son “bastante diferentes”. Señala que la escritura manual genera una mayor actividad en las zonas motoras (corteza primaria y suplementaria) y en las áreas visuoespaciales del lóbulo parietal, algo que cuenta con una “evidencia científica clara” mediante neuroimagen.
No obstante, la doctora matiza que esta mayor activación es especialmente crucial al inicio de la alfabetización, ya que con el tiempo el cerebro “libera recursos” cognitivos gracias a la automatización. Asimismo, advierte que no siempre una mayor activación equivale a un mejor desarrollo, y subraya la importancia de la competencia digital como algo “transversal e imprescindible”, especialmente para niños no neurotípicos, para quienes la tecnología es un “potencial compensador” fundamental.
En esta misma línea, la Dra. María Pareja Olcina, catedrática y especialista en lengua y literatura, observa también una “caída libre” en la capacidad del alumnado para procesar ideas desde la pandemia. Por ello, explica que muchos profesores ceden tiempo de sus clases para trabajar la escritura manual. Para la doctora, escribir a mano no es un retroceso, sino una necesidad: “La escritura a mano actúa como un ancla de atención que obliga a una planificación cognitiva previa”. Asegura que el teclado, por el contrario, fomenta una escritura impulsiva y fragmentada que carece de la “fricción” necesaria para la reflexión lógica.
La experta señala que el entorno digital merma la tolerancia a la frustración. Los alumnos, acostumbrados a la gratificación instantánea, abandonan ante la primera dificultad. La Dra. Pareja defiende el papel como un espacio de resistencia: “El desarrollo del pensamiento crítico debe entenderse como un auténtico trabajo de orfebrería que requiere trabajar el texto con presencia“. Al recomendar el libro físico, busca que el estudiante conviva con el error en lugar de intentar “borrarlo de forma mágica e instantánea”.
Respecto al impacto de las pantallas en la concentración de niños de 6 a 8 años, Maldonado distingue entre procesos bottom-up (guiados por el estímulo externo) y top-down (autodirigidos por la persona). Afirma que el uso digital suele ser del primer tipo, como ocurre con el scrolling, una situación que “nos captura y secuestra la atención”.
Sostiene que los niños en estas edades son “especialmente sensibles” a la falta de entrenamiento en procesos autodirigidos. La doctora alerta de que la atención fragmentada reduce el tiempo para el desarrollo cognitivo e interfiere con el aprendizaje debido a un “exceso de estímulos recreativos”. Además, recalca un riesgo emocional: usar pantallas para calmar a los hijos impide que estos entrenen su autorregulación, generando así una “baja tolerancia a la frustración”.
Además, la neuropsicóloga destaca que el aprendizaje es más sólido cuando se integran los componentes verbales y visoespaciales. El problema del soporte digital, según indica, es que las referencias espaciales son “volubles” debido al uso del scroll.
Maldonado explica que en el papel la ubicación de la información es fija, lo cual ayuda a la retención, mientras que en la pantalla se pierde esa referencia de “esquina de la izquierda” que facilita el recuerdo. Por ello, concluye que, aunque lo digital tiene puntos fuertes, la solidez del aprendizaje espacial “no es uno de ellos”.
La neuropsicóloga destaca que el aprendizaje es más sólido cuando se integran los componentes verbales y visoespaciales. El problema del soporte digital, según indica, es que las referencias espaciales son “volubles” debido al uso del scroll.
Maldonado explica que en el papel la ubicación de la información es fija, lo cual ayuda a la retención, mientras que en la pantalla se pierde esa referencia de “esquina de la izquierda” que facilita el recuerdo. Por ello, concluye que, aunque lo digital tiene puntos fuertes, la solidez del aprendizaje espacial “no es uno de ellos”.
Además, sobre si eliminar la tecnología en Primaria prevendría déficits de comprensión lectora, la doctora opina que tal medida, de forma aislada, “no mejorará las dificultades de modo directo y automático”. Considera que el problema es multifactorial y apunta que incluso los libros de texto actuales han simplificado su complejidad.
En lugar de posturas extremistas, la Dra. Maldonado apuesta por una “postura equilibrada”. Sugiere que, aunque los materiales digitales actuales tienen errores, el futuro podría ofrecer “aprendizajes muy personalizados” gracias a herramientas como la inteligencia artificial, siempre que se utilicen con “sensatez y evidencia científica”.
Tiempos de pantallas
En cuanto a la gestión del aula, Pareja es tajante al afirmar que el móvil es un “competidor feroz por la atención”. Describe su día a día como una gestión constante de conflictos, requisando dispositivos y ejecutando protocolos que restan tiempo a la enseñanza. Denuncia que los docentes se enfrentan a adolescentes “profundamente adictos a la dopamina”. Critica que la responsabilidad de contención recaiga sobre los profesores ante el desconocimiento familiar de las herramientas de control.
Por otro lado, a Pareja la situación emocional en las aulas le resulta alarmante. Tras analizar con sus alumnos de 4º de la ESO el tiempo de uso de pantalla, encuentran medias de cinco horas diarias, con casos que alcanzan las doce. “Esta sobreestimulación se traduce en un incremento drástico de trastornos de ansiedad“, afirma María, vinculando este fenómeno incluso con hospitalizaciones. Además, la doctora reflexiona sobre la creatividad. Aunque no rechaza la tecnología, advierte contra el uso de plantillas e inteligencias artificiales que anulan el esfuerzo propio. Sostiene que los jóvenes están cediendo su “soberanía creativa” al recurrir al “cortar y pegar”. Para ella, el aula debe ser el último refugio analógico, y lanza una pregunta incómoda: “¿Por qué los propios gurús de Silicon Valley protegen a sus hijos limitando drásticamente el uso de tecnología en sus hogares?”.
Asimismo, la presidenta de CONCAPA considera la desdigitalización en Primaria como una respuesta “valiente a una demanda social”, aunque admite que muchas familias sienten que “llega tarde”. Si bien matiza que la miopía responde a factores ambientales y genéticos, reconoce que los padres observan síntomas preocupantes como “irritabilidad, alteraciones del sueño y problemas de atención”. Melero es tajante: de nada sirve retirar pantallas del aula si el hogar sigue siendo un entorno sin límites. “El mayor problema es el móvil; maneja nuestra voluntad”, sentencia Melero, señalando que este dispositivo es un “arma de doble filo” frente a otras pantallas más controlables como la televisión o el portátil.
En este punto, Aragón afirma con rotundidad que antes de adquirir “potencia” tecnológica es necesario desarrollar estructura mental, y es a donde la tendencia está yendo. Aragón explica que, al tomar apuntes, hacer esquemas o mapas conceptuales, el alumno entrena la metacognición, ya que debe decidir qué anotar, cómo organizar la información y cómo representar relaciones lógicas. En el caso de los niños, añade, estas primeras experiencias son especialmente relevantes porque “constituyen la base de su aprendizaje posterior”.
La experta vincula esta reflexión con el uso responsable de la IA y señala una aparente paradoja: para utilizar bien estas herramientas es imprescindible haber entrenado previamente las funciones cognitivas lentas. Hacer buenas preguntas, formular prompts adecuados o evaluar la calidad de una respuesta exige comprensión profunda del problema, capacidad de abstracción, formulación de hipótesis y criterio. Por eso, aclara que su postura no es antitecnológica. “Si queremos que la IA no piense por ellos —resume—, primero tenemos que enseñarles a pensar sin ella”.
Desde una perspectiva ética, Aragón cuestiona la rotación constante de dispositivos y plataformas digitales en Primaria. Indica que esta práctica entra en tensión con lo que sabemos sobre el neurodesarrollo y la carga cognitiva en la infancia. Cuando el entorno es estable y predecible, explica, el niño puede dedicar más recursos a autorregularse y aprender; cuando el entorno se convierte en un carrusel de herramientas, gran parte de su energía se consume en adaptarse a ese cambio constante.
Asimismo, sostiene que los procesos de aprendizaje profundo y de consolidación de la memoria requieren foco mantenido, repetición con pequeñas variaciones y un andamiaje progresivo. Cambiar continuamente de formato o de herramienta, afirma, rompe esa continuidad y dificulta el paso del “me suena” al “lo sé y lo puedo usar”. Aunque matiza que la flexibilidad cognitiva y el entrenamiento del cambio de tarea pueden ser útiles en contextos concretos y bien diseñados, advierte que esto no equivale a una sucesión rápida y poco estructurada de aplicaciones impulsadas por la novedad o por el marketing educativo.
Finalmente, apela al principio de no maleficencia y señala que, si la evidencia apunta a que el cerebro infantil se beneficia de entornos estables, ritmos lentos y repetición con sentido, imponer una rotación tecnológica sin justificación pedagógica clara resulta, como mínimo, cuestionable. El criterio, concluye, no es “menos tecnología”, sino una tecnología que potencie realmente las capacidades humanas: pocas herramientas, bien seleccionadas, estables en el tiempo y utilizadas con propósito, de modo que la atención del niño permanezca en su aprendizaje y no en la interfaz.
Por tanto, la propuesta no es la exclusión tecnológica, sino una introducción progresiva. La Dra. Gómez sitúa el inicio del enfoque competencial digital en el último curso de Primaria y, especialmente, en Secundaria. Es en esta etapa cuando se debe fomentar el pensamiento crítico, la búsqueda de rigor informativo y el uso de herramientas digitales como “fuentes de creación y no solo de consumo”. La tesis es clara: cuanto más analógica es la Primaria, más autonomía mental y capacidad de concentración tendrá el alumno al llegar a la tecnología en su madurez.
Fuente: Cuadernos de Pedagogía


