El acceso a la profesión docente: hacia un modelo más práctico y estable
Hace años que el acceso a la profesión docente necesita una reforma profunda. La escuela ha cambiado, tanto en sus metodologías como en las características del alumnado y sus necesidades educativas. Sin embargo, los procedimientos de formación y selección del profesorado siguen anclados, en buena medida, en modelos tradicionales. Ante esta situación, la Plataforma Nacional de Interinos Docentes (PNID) propone una reforma integral, que, en mi opinión, podría coger como referencia algunos elementos del actual sistema francés, especialmente en el acompañamiento de los nuevos profesores.
La propuesta de la PNID se apoya en tres pilares: mejorar la formación inicial, transformar las oposiciones y reducir la temporalidad. Por su parte, el modelo francés aporta una experiencia interesante para facilitar la incorporación a la profesión mediante un periodo de prácticas tutorizadas. La combinación de ambas propuestas permitiría abordar el acceso a la docencia de forma más completa.
La PNID plantea reformar el Máster de Formación del Profesorado de Secundaria, manteniendo sus 60 créditos ECTS, pero destinando 24 de ellos a prácticas en centros educativos. El objetivo es que los futuros docentes no se limiten a observar las clases, sino que participen progresivamente en la planificación, la enseñanza, la evaluación y la gestión de la convivencia escolar.
Esta formación podría completarse con la figura del docente novel, inspirada en el sistema francés. Allí, los profesores experimentados que ejercen como tutores (tuteurs de terrain), orientando a los recién incorporados, observando sus clases y evaluando su evolución profesional. Según la vía de acceso y la situación del docente, el periodo inicial puede combinar el trabajo en un centro con formación teórica y práctica en el Institut National Supérieur du Professorat et de l’Éducation (INSPÉ).
Al finalizar esta etapa, se valoran las competencias adquiridas para determinar si procede la titulación o si es necesario prolongar las prácticas, de acuerdo con la normativa vigente. Adaptar este modelo a España permitiría establecer un primer año de ejercicio acompañado por profesionales experimentados, facilitando la transición entre la formación académica y la realidad del aula.
El segundo eje de la propuesta de la PNID consiste en sustituir las pruebas tradicionales por exámenes objetivos tipo test, organizados en tres bloques no eliminatorios: conocimientos científicos y curriculares, con un 50 % de la nota; competencia pedagógica mediante supuestos prácticos, con un 30 %; y legislación educativa, con el 20 % restante. La publicación de temarios oficiales unificados y criterios de corrección públicos contribuiría a reducir las diferencias entre tribunales.
Esta selección podría complementarse con la evaluación práctica del modelo francés. De este modo, el acceso no dependería únicamente de los resultados de una oposición, sino que también permitiría valorar el desempeño profesional durante el periodo de prácticas.
El tercer pilar aborda la temporalidad docente. La PNID propone mantener una vía ordinaria de concurso-oposición, abierta a todos los aspirantes, y establecer otra extraordinaria de concurso de méritos cuando la temporalidad estructural supere el 8 %, dirigida a interinos que cumplan determinados requisitos de experiencia y superación de pruebas previas.
En definitiva, España podría combinar la reforma de la formación y selección propuesta por la PNID con el acompañamiento profesional del modelo francés. El objetivo sería construir un sistema que prepare mejor a los futuros docentes, garantice procedimientos transparentes, facilite su incorporación a las aulas y reduzca la inestabilidad laboral. Porque mejorar la educación no consiste solamente en cambiar las oposiciones, sino también en formar, acompañar y dar estabilidad a quienes tienen la responsabilidad de enseñar. Aunque la puesta en marcha de estas medidas no estaría exenta de dificultades, pues requeriría cambios normativos y acuerdos entre universidades, sindicatos, administraciones autonómicas y el Ministerio de Educación, el esfuerzo merecería la pena. Al fin y al cabo, invertir en una mejor formación del profesorado es invertir en el futuro de las próximas generaciones, un objetivo que todos compartimos y que esperamos ver convertido en realidad cuanto antes.

José Manuel Suárez Sandomingo
Presidente de la Asociación Profesional de Pedagogos e Psicopedagogos de Galicia


